domingo, 1 de mayo de 2016

La noche y "ella"





Con el miedo por la llegada de otro día, no tardó mucho en aparecer la noche. Una noche tranquila y oscura, que como todas las demás presentía su muerte por la luz del alba.

No era muy tarde, sólo de noche.


Era como ver el fin de una cosa que nunca ha ocurrido; como la impresión de avanzar por la vida caminando sin andar...


Y entonces me di cuenta. Esa noche proyectaba el reflejo de todo un sentimiento. De una forma de ser muy extraña, indecisa, encantadora, e irresistible.


Una forma de comportarse, de conocer, de existir...era ella.


Y al verla volví a contemplar la noche sin salir de mi asombro.

¿Cómo una noche podía ser tan similar a una persona?

No me había visto. Solitario, yo la miraba sin que advirtiera mi presencia. Mientras, seguí fijándome en sus ojos e iba comprendiendo y presintiendo lo que a lo largo de mucho tiempo sucedería en relación a nuestras vidas.


Supe que me había impregnado de ella y entendí que sería muy difícil desatar su insconciente presa, sus inocentes redes que poco a poco me envolverían para siempre, hasta el punto de quererla más que a mí mismo.


Otro día cualquiera, no importa el sitio, nos conocimos y a partir de ese momento comenzó en nosotros una profunda atracción, que para mí se fue transformando en amor infinito, y para ella...en aquel momento, ni ella misma sabía decirme lo que sentía por mí.


Y así, empezamos a vivir una experiencia la cual aún continúa, y en este mismo instante en el que escribo no tiene fin, o quizás sea el fin de lo que nunca termina, de lo que eternamente existe. 


Aquella noche me enamoré de ella...y el alba jamás pudo acabar con nuestro amor.
(Peri)

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